Prédicas

¿Puedo tomar el lugar de Dios?

¿Puedo tomar el lugar de Dios? - Iglesia Evangélica Bautista en Salamanca

Veamos quizás uno de los pasajes menos conocidos de Génesis. Justo al final del libro, en el capítulo 50, encontramos una lección de cómo debemos perdonar. 

Génesis 50:15-21 (NVI Peninsular)

《Al reflexionar sobre la muerte de su padre, los hermanos de José concluyeron: «Tal vez José nos guarde rencor, y ahora quiera vengarse de todo el mal que le hicimos.» Por eso le mandaron a decir: «Antes de morir tu padre, dejó estas instrucciones: «Decidle a José que perdone, por favor, la terrible maldad que sus hermanos cometieron contra él.» Así que, por favor, perdona la maldad de los siervos del Dios de tu padre.»

Cuando José escuchó estas palabras, se echó a llorar. Luego sus hermanos se presentaron ante José, se inclinaron delante de él y le dijeron: —Aquí nos tienes; somos tus esclavos.

—No tengáis miedo —les contestó José—. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? 

Es verdad que vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente. Así que, ¡no tengáis miedo! Yo cuidaré de vosotros y de vuestros hijos.

Y así, con el corazón en la mano, José los reconfortó.》

«¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios?» Detengámonos en el peso de esta pregunta. José tiene, en ese momento, el motivo (veinte años robados: el pozo, las cadenas, la cárcel, etc.), el poder (es el señor de Egipto: una palabra suya y sus hermanos desaparecen) y la oportunidad (el padre, único «freno» moral, acaba de morir). Motivo, poder y oportunidad: el triángulo perfecto de la venganza. Y José renuncia a los tres con una sola pregunta: «¿Acaso estoy yo en lugar de Dios?»

La pregunta tiene una ironía preciosa en el hebreo del Génesis. Cuando Raquel exigió hijos a Jacob, él respondió airado con casi las mismas palabras: «¿Soy yo en lugar de Dios…?» (Gn 30:2). Allí significaba «yo no puedo dar vida». En este caso José si podía decidir si vivían o no, pero su enfoque es otro, en labios de José, significa «yo no puedo tomar el juicio». Dar vida y ejecutar juicio final: dos prerrogativas que pertenecen solo a Dios. 

Y entendamos bien qué es —y qué no es— este perdón. José no minimiza el mal: dice claramente «vosotros pensasteis hacerme mal». Algunos confunden el amor y perdón cristiano con no señalar el error, con callar siempre.

Perdonar no es decir «no fue para tanto». José no suprime el dolor: lloró en el v. 17, como lloró en el capítulo 42, en el 43, en el 45. El perdón bíblico no es anestesia emocional. Lo que José hace es transferir la causa al tribunal correcto: renuncia a ser fiscal, juez y verdugo de su propia causa, y le entrega el expediente completo al Juez de toda la tierra.

¿Dónde estaba Dios cuando me hicieron daño? Esta es quizás una pregunta que todos nos hemos hecho. La respuesta siempre está en el «pero Dios»: mientras ellos tejían el mal, Dios ya estaba tejiendo la salvación de «mucho pueblo».

Recuerda esto: el Dios que encaminó a bien el mal contra José gobierna también tu historia.

Siglos después, Jesucristo sería entregado por sus hermanos, vendido por piezas de plata, despojado de su túnica, contado entre los transgresores… y de aquel acto malvado, Dios tramó el bien más grande: «a este… prendisteis y matasteis por manos de inicuos… pero Dios le levantó» (Hch 2:23-24).

Jesús salva a una multitud que nadie puede contar de la muerte eterna.

Los hermanos de José vivieron diecisiete años bajo gracia sin descansar en la gracia. Descansemos cuando nos perdona nuestro hermano, descansemos en el perdón de Dios.

Hno. Iván Daniel Calás. Misión Evangélica Bautista en Salamanca. 12 de Julio del 2026.